MedicinABC

9 jun. 2012

La formación de un cáncer


Sarcoma de Kaposi
Sarcoma de Kaposi
El cáncer es un exceso de células malignas, que son capaces de invadir el tejido circundante u otras partes del cuerpo y es una de las principales causas de muerte en todo el mundo. Según la Organización mundial de la Salud (OMS) en 2008 el cáncer representó el 13% de las causas de muerte en el mundo, por lo tanto uno de los retos mas importantes en la medicina de hoy es intentar a entender cómo se produce este tipo de enfermedad y cómo prevenirla.





Benigno, maligno… ¿no son todos iguales?

Casi cada tejido del cuerpo puede llegar a producir un cáncer. Generalmente se presenta como un tumor, que es un aumento del volumen de un tejido causado por el aumento del número de células que contiene.

Nevus tumor de la piel
Nevus: tumor benigno de la piel
Un tumor puede ser benigno o maligno. Benigno significa que el tumor no crece de manera incontrolada ni agresiva: no invade las estructuras adyacentes ni produce metástasis. 
Unos ejemplos típicos de tumores benignos son:
  • Los nevus melanocíticos de la piel. 
  • Los miomas uterinos 
  • Los lipomas del tejido adiposo.


Los tumores malignos son los que llamamos cáncer y tienen la capacidad de invadir el tejido que lo rodea, o bien otras partes del cuerpo. Este último caso ocurre cuando una o varias células se desprenden de la masa tumoral. A través del torrente sanguíneo o de los vasos linfáticos llegan a otros órganos o tejidos donde se multiplican y forman una metástasis. Estas metástasis representan la mayor causa de muerte entre los pacientes afectos de cáncer.

Los cánceres que no se presentan principalmente como tumores son las leucemias. Tienen su origen en la parte roja esponjosa de la médula ósea, que se encuentra en el interior de los huesos largos, vértebras, costillas, pelvis y otros huesos del cuerpo.

La médula ósea se compone de los precursores de las células sanguíneas: glóbulos rojos (eritrocitos o hematíes), glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas (trombocitos). Estas células proceden de una célula madre hematopoyética pluripotencial, también llamada hematocitoblasto. Se divide y forma las dos principales líneas de células en la formación de sangre: 
  1. La línea mielocítica: de ella proceden los eritrocitos, las plaquetas y los granulocitos, que son un tipo de leucocitos. 
  2. La línea linfocítica: precursores de los linfocitos, otro tipo de leucocitos. 



Las células madre y las células que se encuentran en fases intermedias de la maduración, están situadas en la médula ósea. Cuando estas células llegan a ser maduras son liberadas en el torrente sanguíneo, excepto los linfocitos T, que emigran de la médula ósea al timo para su última etapa de maduración.


Cuando se produce una mutación en el ADN de alguna de las células de la médula ósea, empiezan a proliferar (dividirse) incontroladamente y generar células sanguíneas que no son capaces de desempeñar sus funciones habituales. Por su capacidad de crecer incontroladamente, dichas células inmaduras y/o defectuosas reprimen la hematopoyesis normal en la médula ósea. Como resultado la persona queda afectada por anemia (cantidad reducida de glóbulos rojos o de hemoglobina, el “colorante rojo” de la sangre), trombocitopenia (carencia de plaquetas) y presenta un exceso de leucocitos defectuosos.

leucemia cronica
Extensión sanguínea de una persona afectada por leucemia mielocítica crónica


¿Cuáles son las causas de la formación de un cáncer?

En primer lugar la calidad de la vida. En total, un 30% de los tumores malignos que condujeron a la muerte del paciente, eran debidos a unos factores de riesgo relacionados con la conducta de vida: obesidad, poco consumo de fruta y verdura, falta de actividad física, elevado consumo de tabaco y de alcohol.

Otro factor muy importante es la predisposición genética, que puede determinar una elevada incidencia de cáncer en una familia. Casi todas las células del cuerpo poseen una estructura llamada núcleo, que contiene los 23 pares de cromosomas, que a su vez están formadas por cadenas de ácido desoxiribonucléico (ADN). En los genes que se encuentran en el ADN está codificada la información sobre las características físicas de una persona: el sexo, el color de los ojos, la altura, una predisposición para desarrollar una determinada enfermedad… toda esta información es transmitida de padres a hijos.

Además de esto, existe una serie de factores que, al actuar sobre el cuerpo, pueden causar una mutación (un cambio o error) en el ADN de las células. Algunos ejemplos son la radiación (algunos rayos UV, rayos X, rayos gamma) y algunos productos químicos o tóxicos (por ejemplo el benceno). Las mutaciones pueden favorecer el desarrollo de un cáncer, especialmente si ocurren en un gen de supresión de tumores o en un protooncogen. Estos últimos son genes que regulan la proliferación celular. Una mutación en ellos puede generar un oncogén, un gen anormal responsable de la formación de un cáncer.

La infección por determinados virus ha sido asociada con la formación de ciertos tipos de cáncer, pero no se ha todavía entendido en detalle como pueden favorecerla o causarla. Estos virus son el Virus de la Hepatitis B y Hepatitis C, el Papiloma Virus Humano, el Virus de Epstein-Barr, el Virus de la Inmunodeficiencia Humana VIH, el Herpes Virus Humano 8 y el HTLV-1.


Mecanismos de defensa

Normalmente, en el cuerpo existen varias funciones de control para prevenir que se genere un tumor maligno. Algunas de estas son:
  1. El MHC-1. Esta molécula se encuentra en células dotadas de núcleo y se ocupa de ligarse a los péptidos generados por la degradación de las proteínas en la célula y mostrarle a los linfocitos posicionándose en la membrana celular. Si una célula está infectada por un virus o su ADN está defectuoso será detectada por los linfocitos T por medio de los péptidos. En este caso, el linfocito T comunicará a la célula de efectuar apoptosis, una “muerte programada”.
  2. Genes de supresión de tumores. Estos genes limitan el crecimiento celular, reparan errores en el ADN y controlan la muerte celular. Permiten a las células de someterse a apoptosis en caso de que sufran un considerable daño en su ADN o de que estén sujetas a estrés extremo. Si ocurren mutaciones en dichos genes las células pueden crecer y dividirse incontroladamente y posiblemente formar un tumor. Se ha comprobado que uno de estos genes, denominado p53, falta o está dañado en los 50% de los casos de cáncer.
  3. Genes de corrección de errores en el proceso de duplicación del ADN. Si existe una mutación en alguno de estos genes, los errores en el ADN no se repararán, dando lugar a la generación de otras mutaciones.


Es importante mencionar que el cuerpo posee una multitud de funciones de control, y cada célula forma parte de ellos. Las células de un organismo no existen de manera aislada, sino que forman parte de un conjunto permanentemente en contacto para controlarse unas a otras. Por tanto son necesarias varias mutaciones en varios genes para que se pueda formar un cáncer.


Conclusión

Aunque  se conoce la relación entre la genética y la formación de un cáncer, todavía es tema de investigación, en cuanto no se conocen exactamente los mecanismos que llevan a la génesis de un tumor maligno. Un mejor entendimiento de una enfermedad es la clave para el desarrollo de medicamentos más efectivos, y posiblemente para descubrir mejores métodos de prevención. Estamos en ello.



Fuentes y enlaces externos:
"Tracing the cellular origin of cancer.Nature Cell Biology 15, 126–134 (2013) doi:10.1038/ncb2657
"The History of Cancer." American Cancer Society
"Posibles causas del cáncer." Asociación Española contra el Cáncer

Acerca del Autor:

Dorina Ferrario es la fundadora de MedicinABC y estudiante de Medicina Humana en la Universidad Humboldt de Berlín. Su reto es conseguir la difusión de información médica gratuita y de calidad a sus lectores. Bloguera en formación continua para una continua difusión de información. Sígue MedicinABC en Twitter.